Tres causas de la obesidad
1. El factor herencia
Asumiendo que no hay límite en la capacidad bancaria de grasas del diencéfalo, entonces habría tres maneras en las cuales la obesidad podría manifestares. La primera seria que esa capacidad graso-bancaria fuese anormalmente baja desde el nacimiento. Esta baja capacidad diencefálica congénita, representaría entonces el factor hereditario de la obesidad. Cuando esta característica anormal este presente de forma marcada, la obesidad se desarrollará a más tempranas edades a pesar de hábitos alimenticios normales. Esto explicaría por qué incluso entre hermanos que comen los mismos alimentos, unos desarrollan la obesidad y otros no.
2. Otros desordenes diencefálicos
La segunda manera en que la obesidad puede llegar a establecerse es en la reducción de una capacidad graso-bancaria anteriormente normal debido a algún otro desorden diencefálico. Parece ser regla general que cuando uno de los muchos centros diencefálicos es particularmente sobrecargado; este intenta incrementar su capacidad a expensa de otros centros. En la menopausia y luego de la esterilización, las hormonas anteriormente producidas en las glándulas sexuales ya no circulan en el cuerpo. Cuando existe la presencia de glándulas sexuales con funcionamiento normal, estas hormonas actúan como un freno de la secreción hormonal de glándulas sexuales en la pituitaria anterior.
Cuando este freno es eliminado, la pituitaria anterior incrementa considerablemente su secreción de las hormonas estimuladoras de las glándulas sexuales, aun cuando ya no son útiles. Cuando hay una ausencia en respuestas de las glándulas sexuales no funcionales o ausentes, no hay nada que detenga a la pituitaria anterior de producir más y más de estas hormonas. Esta situación causa una tensión excesiva en el centro diencefálico, el cual controla la función de la pituitaria anterior. Para sobrellevar este peso adicional, el centro parece extraer mas y mas energía de otros centros, tales como esos relacionados a la estabilidad emocional, la circulación sanguínea (famosos calores) y otros reguladores del sistema nervioso autónomo, también en particular del no tan vitalmente importante banco de grasa.
Ya sea causada por una deficiencia hereditaria marcada del centro de grasa, o por algún desorden regulatorio diencefálico, la insurgencia de la obesidad obviamente no tiene nada que ver con el consumo excesivo. En cualquiera de estos casos, la obesidad se desarrollará a pesar de restricciones nutricionales. En estos casos, cuando hay deficiencia alimenticia se utilizan las reservas esenciales de grasa y la grasa normal estructural, lo cual presenta una desventaja para la salud general del paciente.
3. El agotamiento del banco de grasa
Aun hay una tercera forma en la cual se puede establecer la obesidad, y eso es cuando un centro de grasa, presumido normal, de repente (con énfasis en el ‘de repente’) debe lidiar con un gran flujo de comida que excede en gran medida la necesidad del momento. A primera vista, parece que esto ilustra un caso claro de obesidad causada por consumo excesivo, pero luego de un análisis adicional, pronto se hace evidente que la relación de causa y efecto no es tan simple. En primer lugar, estamos suponiendo que la capacidad del centro de grasa es normal, mientras que es posible e incluso probable que únicamente las personas con una característica hereditaria puedan convertirse en obesas comiendo excesivamente.
Segundo, en muchos de estos casos, la cantidad de comida ingerida es la misma y solo es el uso del combustible que de repente se reduce: como cuando un atleta es obligado a permanecer en cama por varias semanas por una fractura ósea, o cuando un hombre que llevaba una vida muy activa de pronto debe permanecer atado al escritorio de su oficina, o al televisor en casa. Similarmente, cuando una persona, criada en un clima frio, es transferido a un país tropical y continua comiendo como antes, podría desarrollar obesidad porque en el clima caliente se requiere menos combustible para mantener la temperatura normal del cuerpo.